| Para bien o para mal, el cine -como otras actividades artísticas- se desarrolla en un equilibrio precario: entre la cultura o el arte, como prefirais llamarlo, y la industria, entre la creación y el dinero. Hacer una película supone una inversión económica. Si el cine de Hollywood se financia gracias a la taquilla y a las posteriores ventanas de exhibición (plataformas, televisiones de pago), el cine europeo se mueve de otra manera. A grandes rasgos, sustituye su falta de músculo financiero propio con la venta de cada película por territorios (que es como en el cine se denominan a los países, ya que a veces un territorio lo conforman varias naciones). Ese es el negocio de los distribuidores independientes y esa es la razón de que haya películas -siempre hablando de no hollywoodienses- que se estrenan en unos países y no en otros. Es obvio que si ninguna empresa entiende que no habrá público para una película no la comprarán. ¿Es una tara cultural? Cierto, pero a su vez debemos recordar que las películas cuestan dinero. Por cierto, otro día analizaremos el falso mito de que el cine de los estudios de Hollywood no recibe ayudas ni desgravaciones fiscales. Y así llegamos al panorama actual. Poco a poco la taquilla del fin de semana ha ido subiendo sus cifras. Desde el pasado septiembre, el top 20, el listado de las 20 películas más taquilleras cada fin de semana en España, no ha superado —sumadas esas dos decenas de títulos— los 4,8 millones de euros, cuando en tiempos prepandémicos podrían haber recaudado casi el doble. Solo hubo una excepción: el fin de semana del 15 al 17 de octubre, cuando se estrenó Venom: habrá matanza, que se llegó a los 6,3 millones de euros. Analizado cada top 20, el cine de Hollywood sí ha ido aportando su granito de arena. A las mencionadas se suman títulos familiares, como La familia Addams 2, La patrulla canina o la reciente El lobo y el león, que también alcanzan números de antes de la covid-19. Son las películas españolas y de autor más pensadas para un gran público las que no están aportando su empuje habitual. El pasado fin de semana el aterrizaje de Eternals, la nueva entrega del universo Marvel, llevó al top 20 hasta los 5,1 milllones de euros, de los cuales 2,5 millones procedían del filme de Chloé Zhao. Venom ya se acerca a los ocho millones de euros acumulados en cuatro semanas, y Dune ya los ha superado, eso sí, tras ocho semanas en cartel. Entonces, ¿por qué solo 5,1 millones de euros cuando ya no hay restricciones de aforos? Porque en España, muy a grandes rasgos, es el público adulto el que acude al cine de autor y al español más artístico. Falta ese ingreso en las recaudaciones totales. Y el joven el que se acerca al cine de Hollywood. Insisto, a grandes rasgos. Pero hay pistas que confirman esta reflexión. El madrileño cine Paz, un referente para la industria porque tenía un público tan fiel como asiduo que consumía filmes de autor en versión doblada, ha tenido que coaligarse con la cadena mk2 para seguir proyectando. Hay una excepción a esta debacle: Maixabel, de Icíar Bollaín, que en su séptima semana en cartel ha llegado a los 2,5 millones de euros, una agradable sorpresa. Pero de forma individual y anónima, los dueños de salas sí muestran su temor, y explican que están vendiendo el 44% de entradas menos que en las mismas fechas de antes del coronavirus. Ni Madres paralelas, de Pedro Almodóvar (2,4 millones de euros en cinco semanas), ni El buen patrón, de Fernando León (2 millones en cuatro), han estado a la altura de lo esperado. Peor aún le ha ido a Las leyes de la frontera, de Daniel Monzón, con tan solo 640.000 euros. Y dos películas que hace dos años parecían predispuestas para un buen arranque como Un espíritu burlón (comedia que adapta un texto de Noël Coward con Judi Dench) y Las fantasías (enredos sentimentales con reparto francés de lujo dirigida por los hermanos Foenkinos, triunfadores en cine y literatura) han sido directamente ignoradas. Si Eternals ha logrado un promedio por sala durante el fin de semana de 2.600 euros, Un espíritu burlón solo ha obtenido una media de 369 (16.000 euros en total) y Las fantasías, 260 euros (7.000 en total). Santos criminales, la precuela de Los Soprano, ha entrado en el puesto 14º, con 66.613 euros y una media también paupérrima de 409 euros. Mientras, siguen atrasándose estrenos de este sector, como CODA, de la estadounidense Sian Heder, o La abuela, de Paco Plaza. Por eso mucha gente sigue con atención los lanzamientos hoy de Pan de limón con semillas de amapola, de Benito Zambrano, y de Way Down, de Jaume Balagueró. Para este, esa responsabilidad sobre la taquilla queda fuera de su control: "Se escapa a nosotros por completo. Tengo la esperanza de que la gente vuelva". En su caso, cuenta con la maquinaria de Telecinco a sus espaldas para un proyecto que lleva siete años en danza, y que describe el robo de la cámara acorazada del Banco de España justo durante los últimos partidos del Mundial de fútbol de Sudáfrica, que ganó España. "Se rodó en Cibeles, con cuatro equipos rodando simultáneamente la recreación de la final. Fue un rodaje disfrutón y a la vez con nervios. Yo los vivo siempre así", cuenta el creador de la saga [REC]. Y remata: "En algún momento tenemos que volver, este es el mundo que hay y es necesario adaptarse". Zambrano vuelve a presentar un retrato femenino en Pan de limón con semillas de amapola, que sale con más de cien copias. "Hay muy poco cine en el que las protagonistas sean mujeres, la mayoría son hombres y a todo el mundo le parece normal. Sin embargo, cuando pones la mirada en personajes femeninos parece que estás haciendo algo extraordinario", apunta el cineasta. "Hay un público, el mayor, que ya no va, y es una pena para el cine español. Yo espero que a Pan de limón... se acerquen no solo espectadoras de treinta años o más, sino que vayan acompañadas de sus parejas y amigos". Como confirma el sevillano, ese segmento femenino de audiencia es "muy activo culturalmente y si a esa franja le gusta, podría ir muy bien... dentro de lo mal que está el panorama". A esta situación compleja le dedicamos hoy en EL PAÍS este artículo, que espero que os guste y os aclare algunas dudas. También que provoque reflexiones: ¿qué cine queremos ver en salas? Porque lo mismo la respuesta mayoritaria es solo el de Hollywood, o el que copia a Hollywood, y entonces habremos matado la diversidad cultural. Personalmente, eso me parece un error descomunal, una pérdida de inteligencia y sensibilidad irreparable, pero yo también creo en la sanidad pública y visto lo visto... Festival de Sevilla: de Audiard a Daniel Brühl Mañaba se clausura el festival de cine europeo de Sevilla, y este año, tras una dificultosa edición anterior, con confinamientos y aforos muy reducidos, se ha echado la casa por la ventana. Llena de buenas películas (la cosecha europea se ha alimentado de cine de varias temporadas que se había quedado en el limbo por la pandemia). El certamen arrancó el pasado viernes con una joya -al menos a mí me lo parece-, París, distrito 13, de Jacques Audiard. La película la protagoniza una generación que avanza por la vida a trompicones, "conformando una clase social media, joven y cultivada, pero a la que le cuesta salir adelante", contaba en Sevilla Audiard. "Ya no van a tener una vida lineal como la de sus padres, que enlazaban colegio, universidad, trabajo, matrimonio, casa, hijos. Ellos no, ellos, veinteañeros, treintañeros, han estudiado carreras y ahora flotan más que viven: no quieren ponerse a trabajar o no encuentran trabajo de larga duración. El cine francés ha retratado a la clase obrera o a la burguesía de París. Y poco caso hemos hecho a estos jóvenes, ejemplo del empobrecimiento de la clase media, desilusionados por las promesas incumplidas de la sociedad". Es un fenómeno común en toda Europa. "Ha habido un robo, una desilusión general, el final de una burguesía". Audiard siempre merece una entrevista. Y por cierto, ya está a tope con Emilia Pérez, un musical que rodará en México sobre un narcotraficante que para escapar de la justicia se cambia de sexo. Triple salto mortal para el francés. En Sevilla ha habido mucho más, por ejemplo hoy recibe un merecido reconocimiento Daniel Brühl, el cineasta hispanoalemán. Pero dejadme detenerme en una pequeña película, Costa Brava, Líbano, de la debutante Mounia Akl, con guion coescrito por la española Clara Roquet. Lo que parecería un drama familiar se convierte en manos de Akl en toda una brillante reflexión sobre el presente y el futuro de su país, atenazado por la basura y la corrupción, y muy extrapolable al mundo en general. "¿Sabes por qué se titula así? Por una bellísima zona de playa cercana al aeropuerto de Beirut, a la que bautizaron Costa Brava por su parecido a la región española. La destruyeron para crear un inmenso vertedero que ahora se llama basurero Costa Brava. De ahí la ironía de mi título, que quería remarcar nuestra capacidad para destrozar paisajes maravillosos", contaba Akl en la capital andaluza. Buen momento para pensar en ello estos días en que se celebra la cumbre de Glasgow de la que necesitamos urgentemente que salgan medidas que reviertan el calentamiento global. Y por eso en EL PAÍS hemos hecho caso al documental Panteras. Bueno, por eso y por la historia que cuenta. Mi compañera Esther Sánchez ha hablado con sus protagonistas, el director del filme Andoni Canela, un reconocido fotógrafo de naturaleza, y su hijo Unai, que en Panteras (2021) narran el viaje en el que se embarcaron durante cuatro años para ir al encuentro de los grandes felinos en peligro. Grabaron al jaguar del Mato Grosso, al guepardo del Kalahari, al tigre de Rajastán, al puma de la Patagonia, al leopardo de Yala, al lince ibérico de Sierra Morena, al león de Masái Mara y al huidizo leopardo de las nieves. La aventura comenzó cuando Unai era un chaval de 12 años. Entonces su padre le propuso "viajar por todo el mundo" y conocer "lugares que no me podía imaginar". "No tuve que pensármelo mucho", asegura Unai en el documental. Y se fueron. El tesoro estaba en España En una carta del 23 de julio de 1979, una de las máximas autoridades en cine afroamericano, Thomas Cripps, le expresaba su entusiasmo a una de las responsables de la Filmoteca Española, Catherine Gautier, por lo que parecía el hallazgo de una reliquia perdida de la historia del cine. Gautier, mítica programadora durante más de cuatro décadas, le había enseñado la copia semanas antes en Madrid y Cripps había llegado a la conclusión de que aquel material podría corresponder a Within Our Gates, del pionero cineasta negro Oscar Micheaux. La película había nacido como una respuesta al racismo de El nacimiento de una nación, de D. W. Griffith, pero no gustó ni a blancos ni a negros. Después de su estreno en Chicago, empezó a ser censurada o ninguneada hasta que sus cuatro únicas copias se fueron perdiendo. Una de ellas, sin embargo, viajó a España en los años cincuenta donde se conservó con el título de La negra o La negressa. Así arranca una aventura fílmica, la de la primera película afroamericana, que por casualidades del destino se conservaba en España. Elsa Fernández-Santos ha contado todo este devenir aquí y si os gustan como a mí las historias de arqueología fílmica, la disfrutaréis. Antes de pasar a los estrenos, una curiosidad y una entrevista. La primera confirma la fuerza de la taquilla china: ni el nuevo Bond, ni Dune, la película más taquillera del mundo en este momento es un filme chino de cerca de tres horas de duración y tintes propagandísticos, desconocido casi por completo fuera de las fronteras de China. La batalla del lago Changjin hace abundante uso de la épica —y obvia algunas verdades históricas— para glorificar a los soldados chinos que lucharon contra las tropas estadounidenses durante la guerra de Corea (1950-53).Con un presupuesto de 172 millones de euros, ha recaudado hasta el momento más de 750 millones de euros, lo que la convierte en la segunda más taquillera de la historia en su país. Y la entrevista es a alguien que admiro profundamente, Agustí Villaronga, que estrena El ventre del mar (respeto su título en catalán). "Mirando para atrás, reconozco que me atrae cómo las situaciones difíciles marcan la infancia de la gente, cómo el destino deja a muchas personas tiradas en la cuneta. Nunca he sido capaz de hacer películas amables, tiendo al cariz trágico. En El ventre del mar se dice que las cosas son más de verdad cuando se atraviesan momentos terribles. Me ha dejado huella un cineasta que a algunos les parecerá antiguo, Ingmar Bergman, que siempre se metió a fondo en los temas", reflexiona en esta conversación. "Aunque no encuentro gente muy cercana a mi estilo, hoy creo que no soy un bicho raro. Sencillamente, hago lo que puedo", dice sobre su carrera. Sencillamente maravilloso. Estrenos de la semana Aquí vamos con cuatro lanzamientos. PAN DE LIMÓN CON SEMILLAS DE AMAPOLA. Benito Zambrano La película de la semana para Carlos Boyero, que escribe sobre este drama femenino familiar: "El título puede sugerir que la vocación de esta película es poética o surrealista. O solo cursi, pensarán los amargados. Y tengo la sensación desde el principio de que está realizada con excesivo cálculo, buscando un público determinado y amplio al que humedecer los ojos, sorprender lo justo, con recursos y atmosfera de culebrón cultivado, plana en su desarrollo. Y se supone que pasan muchas cosas, pero están narradas de forma tan previsible como plúmbea. Y hay de todo". WAY DOWN. Jaume Balagueró Javier Ocaña explica sobre este thriller: "Huele a la legua a intento de aprovechamiento del éxito internacional de La casa de papel, algo legítimo si se termina componiendo una obra sólida y relativamente original. Pero, salvo la consistencia en materia de producción y la competente puesta en escena del director de [REC] y Mientras duermes, lo demás es olvidable al instante. La utilización de las imágenes de los partidos de fútbol, propiedad no por casualidad de la empresa que financia la película. Un guion por el que da la impresión que han pasado demasiadas manos, en el que no pocas veces hay que tragarse los trucos de magia procedimentales, algo quizá consustancial al subgénero, pero que ocurre con sobrada asiduidad". EL VENTRE DEL MAR. Agustí Villaronga Javier Ocaña apunta: "En un rotundo blanco y negro, con levísimas tinturas en algunos de sus pasajes, Villaronga articula su oda a la fuerza del mar y su homenaje a los náufragos de cualquier tiempo, pero sobre todo los presentes, a partir de una fusión de reflexiones de corte teatral, montaje exquisito en el que se suman fotografías y audiovisuales actuales —incluidos extractos de llamadas de ayuda a las patrullas de rescate por parte de los inmigrantes—, con grabados del siglo XIX y diversas estampas inmersos en una estructura en la que el juicio a los dos supervivientes entregados a una furibunda lucha ejerce de hilo conductor". CLAROSCURO. Rebecca Hall Elsa Fernández-Santos explica: "Es una película tan emocional como sobria y huidiza, un ajuste de cuentas cuya ambigua frialdad redobla su dureza. Fotografiada con una luz capaz de trasladar al espectador a un mundo cercado por los prejuicios y el miedo, se trata de una elegante película de época situada en el Harlem anterior a la Gran Depresión, donde el detalle de un sombrero o de una tetera ocultan el desvelo y la angustia de dos mujeres que funcionan como las dos caras de una misma moneda". Un abrazo a todos. Para cualquier consulta, en Twitter soy @gbelinchon |
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