| 2020 en listas, listas, listas Por Javier Rodríguez Marcos El libro del año (elegido por 100 expertos). Las listas dan forma a lo informe y ordenan lo desordenado. Y nada más informe y desordenado que este 2020 que, presuntamente, se termina dentro de dos semanas. Por eso este número de Babelia está lleno de listas (y de análisis que ayudan a comprenderlas y a ponerlas en su contexto). Un balance anual es por definición cosa del pasado, pero viajemos por un momento al futuro. Cuando los arqueólogos del porvenir encuentren un fósil digital con un enlace a los mejores libros de 2020 según Babelia sabrán que en el gran año de la covid ningún libro sobre la pandemia se coló en el palmarés, pero triunfaron títulos que retratan bien la sociedad del momento. Por un lado, el reconocimiento de la literatura escrita por mujeres es rotundo: las novelistas y poetas ocupan 6 de los 10 primeros puestos de la lista, incluido el principal, que es para Sara Mesa con Un amor. Por otro lado, La era del capitalismo de la vigilancia, de Shoshana Zuboff, sobresalió en meses en que -por ocio, por negocio y por telenegocio- nos volcamos en la vida digital mientras Los europeos, del inglés Orlando Figes, y Otoño, de la escocesa Ali Smith, hicieron lo propio en el año en que se consumó el brexit. Oportunamente, el Madrid de Andrés Trapiello retrata la historia pasada de una ciudad que vivió semanas desbordada por el coronavirus mientras la salida de Poeta chileno, de Alejandro Zambra, coincidió con el jubiloso referéndum constituyente en Chile. Por su parte, Las malas, de Camila Sosa, y Casas vacías, de Brenda Navarro, serían, desde la ficción, buenas lecturas complementarias para el debate feminista sobre transexualidad y maternidad. Finalmente, la ciencia ficción filosófica de Ted Chiang en Exhalación serviría para evadirse -es un decir- de un mundo en el que, como en M. El hijo del siglo -un novelón sobre Mussolini- cada día se usa más la palabra fascista. Para todo los demás, es decir, lo que queda del año: Rachel Cusk, o sea, Despojos. El cómic del año. Más que en una lista, lo diremos en tres (o cuatro) palabras: autoficción, memoria (histórica) y adaptación (de superventas al formato de novela gráfica). En los dos primeros apartados destaca Nora Krug con Heimat -una historia familiar con fondo de nazismo-. En el tercero, ¿qué mayor superventas que el Sapinens de Harari? El libro tiene tanto recorrido que ya solo falta Sapiens, el musical. Esperemos a 2021. La exposición del año. En una palabra (ahora sí): Invitadas. Un acto de contrición del buque insignia del arte español -el Museo del Prado- por el trato que tradicionalmente han sufrido las mujeres. También estuvo marcada por la pandemia. Prevista para la primavera, la exposición terminó abriéndose en otoño. Y ahí sigue, hasta el 14 de marzo de 2021. El disco del año. Depende del género, porque fue el año de Bad Bunny (que publicó tres álbumes), de Keith Jarrett y de… Beethoven. Eso sí, la música en directo tuvo que abandonar los auditorios y salas de conciertos para refugiarse en las pantallas. La industria, por supuesto, se resiente. La arquitectura del año. Igual que hubo un instante en que un personaje de Molière se dio cuenta de que hablaba en prosa, 2020 fue ese momento en el que nos dimos cuenta -forzamos por el confinamiento- de que vivíamos en casas que no siempre eran del todo habitables. Fuera de nuestras cuatro paredes, los grandes arquitectos -Rem Koolhaas, Emilio Tuñón- siguieron construyendo edificios. Algunos, incluso después de muertos. O de muertas, como Zaha Hadid. La obra teatral del año. En otra palabra: Prostitución, es decir, la obra que Andrés Lima y Albert Boronat estrenaron antes de que el mundo se cerrara a cal y canto, un "cabaret documental" protagonizado por Carmen Machi, Nathalie Poza y Carolina Yuste. La consagración definitiva de una de las grandes tendencias de los últimos tiempos: el teatro basado hechos reales. La película del año. Si hubiera que elegir una y fuera española esa sería El año del descubrimiento, el viaje de su director, Luis López Carrasco, a la Cartagena de 1992. Mientras en Barcelona y Sevilla ardían la antorcha olímpica y los fuegos artificiales, allí ardía el parlamento autonómico a manos de los obreros que veían cómo la reconversión industrial se llevaba por delante el futuro. Fue, sigue siendo, la muestra de que el cine de autor resiste en un año en que -por el vértigo de las grandes distribuidoras ante la sala vacía- las grandes producciones brillaron por su ausencia. La serie del año… es una trinidad en el caso de la producción española, la que forman Veneno. Patria y Antidisturbios. Fuera de España hubo muchas novedades y una sorpresa: la resurrección en tiempos de pandemia de clásicos del humor ya amortizados como Friends y The Office. ¿Alguien lo entiende? Que lo explique Michael Scott. Las relecturas del año. De estas se ocupan Antonio Muñoz Molina en su crónica semanal e Irene Vallejo, cuyo libro El infinito en un junco no para de ganar lectores y premios. El primero recuerda los libros que entretuvieron sus días de confinamiento (Thomas Merton, Benito Pérez Galdós). La segunda escribe sobre el poder balsámico de la lectura en meses en que el tiempo ha volado. Como, recuerda, en ese cuento de Washington Irving que relata la peripecia de un aldeano que, cansado de las regañinas familiares, sale a pasear por el campo. "Cae dormido a la sombra de un árbol y, al despertar, descubre perplejo que ya no existe el mundo que conocía. La antigua vida se ha esfumado durante su siesta". Tal vez sea la mejor metáfora de este 2020 que ni siquiera a base de listas parece darnos tregua. |
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