| La postguerra no ha terminado Por Javier Rodríguez Marcos Lo que el mundo actual debe a 1945. En el verano de 1945 se descubrió un nuevo mundo. Europa cedió el cetro del poder planetario a los Estados Unidos y la URSS, pero, a cambio, puso los cimientos para su unión. La crisis que ahora vive ha resucitado los fantasmas de entonces. Todos se sienten víctimas: durante la crisis económica, los griegos se comparaban con las víctimas de los nazis mientras los partidarios del Brexit, con sus los héroes de guerra que evitaron que Alemania invadiera el Reino Unido. La rendición de Japón tras las masacres provocadas por Estados Unidos en Hiroshima y Nagasaki marcó el final de la Segunda Guerra Mundial. El historiador británico Keith Lowe -autor de El miedo y la libertad: Cómo nos cambió la Segunda Guerra Mundial- ha escrito para nosotros un texto sobre las consecuencias de la guerra. "La lista de transformaciones sociales debidas a la guerra es sobrecogedora", dice. "La guerra fue responsable de la difusión del comunismo en Asia y el este de Europa, pero también de la cultura de consumo estadounidense en todo el mundo. Transformó nuestro patrimonio arquitectónico, a medida que de las cenizas de las viejas ciudades surgían otras nuevas. Nos proporcionó los cohetes, el avión a reacción y la energía nuclear; pero también el ordenador, el horno microondas y el pegamento instantáneo. Pero la mayor transformación provocada por la guerra fue quizá psicológica. El mundo experimentó un trauma gigantesco entre 1939 y 1945 y, en los años posteriores, tuvo que encontrar formas de asumirlo". Para seguir leyendo sobre una fecha tan trascendental, nuestro compañero Guillermo Altares -autor de Una lección olvidada. Viajes por la historia de Europa- comenta los libros fundamentales para entender ese tiempo, empezando por Tony Judt y terminando por el propio Lowe. Retrato global de Juan Carlos I. A la espera de una biografía definitiva que analice los años de declive del rey emérito, múltiples volúmenes han estudiado su figura. Los selecciona y comenta para nosotros el historiador Jordi Canal, autor él mismo de un libro sobre la monarquía en el siglo XXI. Cómo maté a mi padre. Ese es el título de la primera novela de Sara Jaramillo. La publicó en Colombia Héctor Abad -autor de El olvido que seremos- en su pequeña editorial -Angosta- y ahora lo relanza Lumen. Andrea Aguilar ha conversado con la escritora, que sostiene que la suya "es la historia de muchas personas. Es raro en Medellín no haber conocido la violencia de manera cercana". Arts and crafts, el regreso. Si volvió el campo, ¿por qué no iba a volver la artesanía? Si el mundo rural apareció como alternativa a un tiempo hiperurbanizado, ¿cómo no iba a regresar el trabajo manual al siglo de las máquinas y la tecnología? La artesanía vuelve a ocupar un lugar central en la práctica de muchos creadores, que reivindican lo manual como una nueva ideología más allá de los oficios. Nos lo cuenta Bea Espejo, que repasa varias exposiciones dedicadas a una práctica que va más allá del mero revival. Pensadores intempestivos. Juan Arnau publica la segunda entrega de su serie de agosto. Esta semana, la protagonista es Simone Weil, que, según Arnau, estaría de acuerdo en que entregar el pensamiento a las máquinas es la última claudicación de la libertad. "Su honestidad", escribe, "podía ser insoportable, pero su dulzura allanaba el camino al diálogo y la compasión". Poca gente escribió como ella sobre la necesidad de la alegría. Bola extra. Daniel Gascón, autor de Un hipster en la España vacía, inicia una serie de seis entregas sobre el confinamiento en La Cañada, donde Enrique Notivol, protagonista de su novela, ha ido a buscar la autenticidad y la comunión con la naturaleza. Veremos cómo le sale el experimento. |
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